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José Antonio García Higuera y su método Van Riper |
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Artículo de Amador
Tengo la tarea de analizarla desde el punto de vista del “entendido”, y se me ha solicitado que la describa después desde la óptica del “afectado”. Una tarea tan complicada como separar el barro del agua. Si quitas la una queda la arena, si quitas la arena sólo queda el agua. Tartamudez…una palabra que expresa precisamente la incorrección en la expresión hablada, que alude a una desviación respecto a lo que se considera normal, fluido, sencillo… hablar. Definir que es la tartamudez es tan complicado y a la vez tan difícil como precisar qué es la experiencia tanto en uno mismo como en el otro, de que no se puede decir lo que se quiere decir de la manera que se desea decir, y en el tiempo e instante en al que se pretende. De todo el inmenso caudal de definiciones, esta es una de las que más me ha gustado, quizá por ser una de las más generales y abstracta, de las que se supone que el “especialista” o “cultivado” en el tema debieran de huir. Pero yo he aprendido que para saber lo que es la tartamudez, hay que mirar el cuadro y no la pincelada, cuando se pretende concretar más… entonces uno se encuentra con que descendiendo al universo de lo concreto se le ha escapado el entramado general. Creo que nunca es tan importante no perder de vista el marco general como en el caso de la tartamudez. Si a lo largo de muchos empleando el infinito caudal de las energías que un hombre posee en la juventud para profundizar y desenmascarar el misterio que me tenía la expresión bloqueada, he llegado a la conclusión de que la tartamudez hay que mirarla como el paisaje, desde un mirador. Desde la lejanía del balcón y con los pies cansados de haber explorado la semana anterior el bosque que se admira, ahora con un café humeante en las manos. La primera y importantísima precisión que se ha de hacer sobre el término es que la tartamudez no es un trastorno del habla. Yo me di cuenta hace mucho tiempo y en esto tenemos la clave más importante para saber movernos a través de ella. A nuestra habla no le sucede nada, es tan normal como la de todos. Si pensamos que tenemos que modificar el habla, tal vez estamos confundidos… o tal vez no, si a través de ello cambiamos nuestra forma de comunicar. Porque el fenómeno de la tartamudez sólo aparece cuando yo hablo con alguien, o cuando anticipo que alguien va a oírme, como cuando grabo en una cinta algo que sé que la otra persona va a escuchar. Entonces viene esa atención sobre lo que decimos que introduce una inestabilidad en nuestra expresión hablada. Otro misterio de la tartamudez lo encontramos, en la medida en que uno esté más implicado en su comunicación, más interesado o personalmente involucrado más se hará patente la tartamudez. Por hacerse más patente la tartamudez no me refiero a que necesariamente se tartamudee más. El tercer punto crucial se refiere a que la tartamudez y el tartamudeo van juntos normalmente, pero lo primero es algo que se manifiesta, que se observa por el oyente, pero lo segundo es algo más profundo, que ha enraizado más en la persona, y que sólo siente el tartamudo. Es el cuadro general, que se pierde si te fijas en el tartamudeo. Da igual que hablemos aparentemente fluidos, si hemos estado “controlándonos” o vigilándonos, la tartamudez ha vuelto a estar detrás. La tartamudez tiene su precursor normalmente en el acto de comunicación en forma de disfluencias más o menos anómalas. Pero la disfluencia no es lo que causa el daño más importante, ni siquiera es el auténtico problema que debemos atender muchas veces. Es el miedo a ella, o el deseo de control sobre ella llevado hasta el punto de distorsionar más aun el acto de habla ante un público (aún cuando éste seamos nosotros mismos) lo que acaba por producir la tartamudez. Esto es otro pilar que opino sobre el que ha de descansar todo tratamiento que persiga ser eficaz, o toda investigación sobre sus causas. Un tartamudo no necesariamente está más recuperado que otro porque hable más fluido, porque la disfluencia no es un bloqueo para una comunicación eficaz. La comunicación es una presentación global de la persona, un saber manejar, informar, transmitir al mundo subjetivo del otro a través de tu propio comportamiento. La comunicación es bastante más que simplemente tener un habla fluida. En sentido último… incluso la comunicación acaba trascendiendo el entorno de lo meramente social para adentrarse en lo personal. Un punto vitalmente importante en la tartamudez y que no está presente en otro tipo de problemas crónicos; pero esta influencia sintetizando, creo que obra de dos amplias formas: Terminamos introyectando en nuestro yo la forma con la cual a través de la comunicación los demás actúan con nosotros, por ejemplo, y desarrollando la idea todo lo que es posible dentro del encorsetamiento de este espacio tan reducido, es bien sabido que los tartamudos, especialmente cuanta mayor disfluencia tenemos, recibimos un género de señales después de interactuar con los demás que una persona no tartamuda sólo tendría posibilidades de experimentar en situaciones críticas (por ejemplo ante un bloqueo en un exámen o en situaciones de estrés emocional bastante graves). Hay investigaciones que confirman todo esto; los tartamudos recibimos cotidianamente señales a las que ya nos hemos acostumbrado, que nos hacen conscientes de que los demás van a reaccionar de modo importante al modo en que hablamos y no sólo al contenido. Señales que por otro lado muchos de nosotros hemos aprendido a temer, teniendo como un poderoso agente de bloqueo (cuando no nos acercamos a una chica por miedo a que nos rechace o no respondemos ante una persona autoritaria por miedo a que use el tartamudeo para ridiculizarnos, o simplemente cuando no deseamos preguntar algo a un desconocido por no ver la cara de extrañamiento que suponemos nos pondrá) y que muchos otros de nosotros, al menos en algún momento de nuestra vida, hemos deseado poder modificar. La tartamudez tiene sus raíces en la reacción del medio, pero llega un momento en que somos nosotros los que hemos aprendido a temer y a bloquearnos. La segunda manera con la que potencialmente puede obrar la comunicación cargada más o menos cargada de disfluencias y que mi experiencia me dice que es mucho más sutil, esquiva a los ojos externos (e incluso a veces a los internos) y, quizá, a la larga, más importante y decisiva para la felicidad de la persona y su pronóstico más o menos favorable respecto a los diferentes tratamientos, es la impregnación que la tartamudez hace en la personalidad y en la identidad de la persona. Una impregnación que a veces es lenta y escondida (pero continuada) y en otras ocasiones puede actuar a modo de crisis esporádicas (como cuando de pronto nos involucramos en una situación de habla en la que hemos salido bastante mal parados y nos causa una inmensa conmoción) pero que queda ahí, modificando muchas veces las maneras de actuar, los modos de enfrentar las situaciones, de ver la vida y verse a uno mismo. Esta experiencia no sólo escapa a los ojos de los normales, también es inaccesible incluso para otro tipo de personas afectadas de trastornos crónicos como la ceguera, sordera, o otros… es algo que no sólo nos pasa a nosotros. Porque el modo en el cual nos comunicamos es la herramienta sin duda más potente que tiene el ser humano para actuar sobre el medio, y por medio no sólo aludo al físico, sino mucho más importante que este es al social que ahora hemos impuesto al primero. Una pierna sirve para andar, y los ojos para ver, y es innegable que es duro carecer de estas herramientas. Pero la comunicación sirve para un espectro mucho más amplio de cosas, e infinitamente más trascendente. Es útil para manejar a los demás y conseguir lo que deseamos en ese mundo virtual que es el social humano. Digo virtual porque el aprecio y la estima de nuestros semejantes, su opinión de nosotros no es algo que se vea como una piedra que levantemos del camino, pero es algo que nos afecta mucho más allá. Y es en sentido último, lo que condiciona muchas veces nuestra felicidad, pues vivimos en un mundo de “objetos con mente”, y para modificar las mentes de los demás… hay que pasar por la comunicación. ¿Porqué la tartamudez es potencialmente tan negativa para esto? ¿Podría verse como un defecto tal y como cualquier otro y ser asimilada de la misma manera? El último gran punto que voy a mencionar en este artículo ya demasiado extenso es que la tartamudez potencialmente es mucho más inestable, impredecible y misteriosa como para permitir una asimilación fácil del problema sin afectar a grandes partes del entramado psíquico de la persona. Un sordo tiene localizado el problema. Hay un nervio que no funciona, hay un problema más o menos estable que tiene siempre. Y sobre todo, hay una atribución por parte de los demás en algo ajeno a su voluntad. (él no tiene la culpa de ser sordo, es su oído que no funciona bien) Estas dimensiones no están presentes en la tartamudez de la misma forma. Es un problema inestable (unas veces si, otras no, unas temporadas menos y otras más), susceptible de verse afectado por las cosas más dispares (un café de más, una mala noche, un problema sin resolver.. incluso una alegría) (Parece como si algo nos dijera a veces que somos demasiado débiles, o que tuviéramos que controlarlo todo para no tartamudear). Las atribuciones que hacen los demás tampoco nos favorecen, de hecho la gente se sorprende y no sin razón, de vernos a veces hablar mejor o peor. Y no hay una causa fácil a la cual echarle “las culpas”. De una manera u otra al final la opinión que el resto de las personas tienen del tartamudo tiende a polarizarse en lo negativo. Y así, muchas investigaciones han demostrado que al tartamudo se le suele ver como “inseguro”, “débil” “inestable emocionalmente”, etc… Parece una perspectiva no demasiado halagadora para nosotros. La tartamudez tan esquiva y compleja de definir, y con tantas fuerzas actuando sobre ella para perpetuarla y renovarla. Pero he aprendido que, pese a todo esto, la “recuperación” de la tartamudez es tan flexible y variable como la propia tartamudez. Cada uno puede luchar contra su tartamudez y triunfar, aprender a ser uno mismo y a dejarse fluir como lo hubiera hecho en una vida sin la experiencia del tartamudeo. Situar la tartamudez en la comunicación enseña algo importante; que es posible comunicar eficazmente por encima del tartamudeo, y que una comunicación eficaz es la que me permite definirme a mi mismo y sentar mi identidad con satisfacción. La liberación incluso del deber de ser fluido. Todo sirve, si vas hacia la expresión de ti mismo.
Fdo: Amador |
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