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José Antonio García Higuera y su método Van Riper |
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Ángel Mondejar MI COMPROMISO No he podido averiguar el inicio de mi tartamudez, pero su constatación data de los 6 años cuando mi maestro me dijo: “Ángel tranquilo, cuando estés en clase no tienes nada que temer, aquí estoy para ayudarte”. Esta ayuda impagable que me prestó me dio confianza y en clase por lo visto no tartamudeaba. En mi familia la única persona –a parte del que suscribe- que ha tartamudeado ha sido mi hermano, pero se corrigió bastante su tartamudez y dejó de ser problema. Pero mi verdadera consciencia sobre mi tartamudez llegó a los 14 años cuando me sentí morir. De golpe el mundo se me vino abajo, sintiendo en mi piel los efectos del complejo de inferioridad producto de mi incapacidad de hablar fluido, aspectos estos de mi personalidad que hasta ese momento habían pasado inadvertidos. En el año 1998 hice un amago de constituir una asociación de personas que tartamudean, con escaso éxito, pero sirvió como germen de un grupo de autoayuda con reuniones semanales que hacíamos en mi casa. De entonces conozco a José Antonio uno de los fundadores de la asociación Visita a logopedas El primer logopeda que visité fue a los 14 años, y la terapia consistía en tumbarme en una camilla y respirar profundo 10 veces del lado derecho, otras tantas de lado izquierdo y otras boca arriba. No os lo vais a creer, mejoraba bastante pero por desgracia sólo temporalmente. En los primeros años de la década de los 80 apareció un método que consistía en un libro, unas cintas de audio y un ritmo sensor que se llamaba Ritmo contra Tartamudez cuyo autor es J. Alberto López Amaro, que aún anda por ahí con su ritmo sensor mejorado y con su terapia supongo que actualizada. A él le debo buena parte de la mejora de mis disfluencias, pues de una tartamudez grave, se aminoró entre leve y moderada, según los días y el entorno. No conozco a este señor, pero vaya desde aquí un abrazo de agradecimiento. Pero esta mejora nunca fue suficiente, y seguí en la brecha intentando superar un problema que nunca lo consideré como parte de mí, sino como algo a extirpar. Cómo he visto mi vida junto a la tartamudez? En muchos casos desastrosa pues es un problema muy desgraciado, desalentador y humillante donde los haya, y desde luego me ha determinado la vida como a buena parte de las personas que tartamudean. Por un lado el complejo de inferioridad siempre alimentó mi disfemia o al contrario, y por otro la obsesión por la tartamudez suele ser peor que ella misma. Todo ello me produjo una baja autoestima propiciándome una incapacidad social notoria, convirtiéndose en un problema bastante grave. Pero los años pasaron y la disfemia me ha acompañado -con más o menos fiereza- fiel e inmune al desánimo siempre con sus mil caras. Época de La Fundación Española de la Tartamudez La entrada en la Fundación fue debido a la perseverancia de una tartamudeadora profesional de Madrid que por fin me convenció allá por los inicios del año 2003. Y fue en abril de ese año con el patrocinio de mi amigo Jesús de Albacete, cuando se inició mi andadura coordinando el Grupo de Autoayuda del Sureste en Murcia de la Fundación Española de la Tartamudez. Cerca de dos años fui el coordinador de dicho grupo, y durante algo más de un año Representante en Murcia de la Fundación Española de la Tartamudez, época sin duda plena e ilusionante, conservando buenos recuerdos a pesar de los pesares. Y quiero aprovechar la ocasión para agradecer a Adolfo Sánchez Presidente de la Fundación Española de la Tartamudez, la oportunidad que me brindó de representar a la Fundación en Murcia, así como coordinar el grupo llamado del Sureste –esto sin duda lo más importante-. También mi agradecimiento a Claudia (la secretaria de la fundación) por su trabajo incansable, por su compromiso, persona apasionada e ilusionante, que ni fundación, ni padres de hijos que tartamudean, ni demás tartamudos que diariamente contactan con ella se lo agradecerán bastante, pues sin duda su empeño en la labor es encomiable. Y el futuro que? El futuro viene cargado de esperanzas y buenas dosis de ilusiones para todos los que compartimos en la asociación lágrimas y lamentos. A lo largo del tiempo he ido recogiendo terapias que están a disposición de los compañeros que lo soliciten, pero además he ido recogiendo de las diversas terapias las herramientas que me parecían más interesantes, (teniendo en cuenta que estamos ante un problema básicamente psicológico), para aplicarlas en el grupo de autoayuda de Murcia, con la idea de implementarlas y acumulando experiencias y esfuerzos tanto los que se realizan en sesión como en casa, con el objetivo de conseguir la modificación e implantación de una nueva pauta del habla diferente e intrínsicamente personal donde el aspirante a tartamudo fluido se sienta cómodo y pueda mantener esa pauta en todo momento, lugar y contexto. Seguiremos contactando con los profesionales en la materia para que nos guíen y participen con nosotros en este bello objetivo, de disminuir el sufrimiento de muchos de nosotros tartamudeadores profesionales. De todos es la obligación de crear las circunstancias para firmar convenios con las universidades públicas y privadas, para que se investigue diversos aspectos de la disfemia y contribuir a dar respuestas científicas a múltiples hipótesis de trabajo planteadas hasta el momento. Nacimiento de la asociación Una vez llegado hasta aquí, apareció una nueva oportunidad de libertad e independencia, y creyendo y deseando dar un enfoque diferente a este camino tan tortuoso como es la tartamudez, nació esta asociación con el objetivo de la mejora de la fluidez de las personas que sufren y padecen este hábito tan impertinente y desgraciado, e impidiendo en lo posible que la disfemia siga siendo una cruz demasiada pesada para todos nosotros, con una utopía en el horizonte de abrir un Centro del Lenguaje en Murcia con las últimas tecnologías, para ayudar a las personas que tartamudean, sin importar su procedencia, raza, sexo o condición social. Por cierto, de vez en cuando pongamos cuernos a la tartamudez por medio del seudo-tartamudeo (hablar tartamudeando adrede), iniciándose el camino de la desensibilización de las disfluencias, importante paso para alcanzar el sueño de la rehabilitación de la tartamudez (nada fácil de adulto) pero posible sin duda. Murcia, 9 de abril de 2005
Fdo.: Ángel Mondéjar Marín
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