Ángel Mondejar
Cuando existe el deseo
Primero comprendí que era diferente a los chavales en la escuela cuando yo tenía aproximadamente siete años. Ninguno de los ellos quería jugar conmigo, y la mayor parte de ellos solamente querían reírse de mí. Mi tartamudez era tan severa que a veces no podía decir mi nombre. Mi boca se congelaba siempre que yo intentaba hablar. Las palabras eran cogidas en mi garganta y la imposibilidad que salieran era una utopía.
Habían niños muy crueles, pues a la menor oportunidad se reían de mí, y por ello tenía pocos amigos. Tampoco mis profesores eran un compendio de comprensión, y mis recuerdos sobre ellos son muy amargos. Todo ello hizo que la escuela se convirtiera en una pesadilla particular para mí.
Esta situación me llevo a la marginación, sintiéndome muy inferior a mis compañeros de clase y mi autoestima apenas existía y claro, por miedo a la humillación rara vez intervenía en clase, aunque supiera el tema en cuestión.
Pasé al instituto y la situación no fue mucho mejor pero ya estaba bien, y decidí cambiar de estrategia, demostrándome a mi mismo mi valía personal, sobresaliendo en actividades no verbales como escritura, arte y deportes, ganando premios en diversos deportes. Pero no fui capaz de participar en clase y unirme a los debates del instituto pues me sentía incapaz, aunque supiera las respuestas a las preguntas, y ello era muy frustrante para mí.
Me juré que algún día vencería la tartamudez, y hablaría en público como los demás. Estaba seguro de alcanzar mi objetivo, solamente no sabía cuando ni como.
Me dediqué por entero a mi objetivo, y empecé a observar a la gente de éxito y como hablaban con fluidez; como movían la boca, la lengua, las manos cuando hablaban, cómo interactuaban con los demás, su caminar pausado, etc.
Pero no me quedé ahí, sino que también leí todo lo que pude sobre tartamudez, asistiendo a programas de logopedia y empecé hablar con muchas personas que tenían el mismo problema. Y así entre todos empezamos a compartir nuestro dolor, nuestras esperanzas y nuestros sueños y empezaba a encontrarme mejor.
Enseguida comprendí que mi objetivo principal debía de ser cambiar mi actitud entera ante la vida y ponerme mano a la obra, y así fue porque realmente deseaba tener éxito en abandonar mi yo (con mi tartamudez) anterior y abandonarlo en cualquier cuneta de no importa la carretera secundaria regional. En otras palabras, tuve que parar de compadecerme de mi mismo y decidí canalizar toda mi energía a la reconversión de una persona positiva y optimista.
También asistí a clases sobre pensamiento positivo, asertivo. Estudié la oratoria, la voz con técnicas de respiración y todo lo que podría ser positivo para mi objetivo, tomando buena nota de estas técnicas y las analicé, sumando mis propias ideas y experiencias, y enseguida me día cuenta que me podrían ayudar a vencer mi tartamudez y así controlar mi discurso. Pero todo sin prisa, después de todo estaba cambiando mi modo de pensar, de habar, hábitos de vida, etc., y pedí apoyo a la familia y amigos, y no puse ningún límite de tiempo pues siempre creí que sin ayuda exterior el tarea era mucho más complicada.
Comencé por hablar muy despacio, e integré ejercicios físicos,
fortalecí el control de mi voz y músculos faciales así como mi respiración. Me preguntaba como reaccionaría la gente a mi nueva pauta de habla, pero enseguida me pregunté, ¿Para quién estoy haciendo esto? ¿Para ellos o para mí?. Pero no tardé en descubrir que su reacción era su cuestión y no la mía, y sólo faltaba que tuviera en cuenta al personal que durante tanto tiempo se había cachondeado de mí problema y como no de mi, y por lo tanto la credibilidad en ellos había pasado a mejor vida.
Despacio mi fluidez y mi seguridad en mi mismo comenzaron a mejorar, y empecé hablar para mí. Aprendí de mis reveses y siempre enfocado hacia lo positivo, y cada vez me reía más y más. Las situaciones que yo evitaba en el pasado se hicieron más fáciles para mí cuando las acepté como desafíos y nuevas ocasiones de aprender y crecer en vez de pensar ellas con miedo y ansiedad.
Durante dos años fui capaz de vencer mi tartamudeo, y entonces surgió una oportunidad para completar el objetivo que me había propuesto y era asistir a una reunión del instituto.
Mientras caminaba al encuentro de mis antiguos compañeros de clase que habían sido tan crueles conmigo, sostuve mi cabeza alta. Cuando me llegó el turno para hablar de la etapa del instituto esa noche el silencio era sepulcral. Hablé con soltura y con mucha inspiración sin rastro de la tartamudez ante el asombro general de mis antiguos compañeros de clase. Cuando terminé mi discurso todos aplaudían y yo lleno de satisfacción sabía que había alcanzado mi objetivo. Esa noche me sentí pleno y satisfecho y como no orgulloso de sentirme en mi piel. Y claro, no paré de hablar el resto de la noche; después de todo tenía que compensar todos los años de miedos y sinsabores con la felicidad que me producía hablar sin acordarme que algún día había sufrido de tartamudez.
Murcia, 27 de octubre de 2006
Fdo.: APET
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