Ángel Mondejar

Amador

Paco de Madrid

Paco de Valencia

Emilio Borrego

Juan Francisco de la      Roda

José Antonio García Higuera y     su método Van Riper

Formacion vocal y     auditiva

Porque se inicia un   tartamudeo

Cuando existe un deseo

 

Francisco Escobar Bravo

Mi tartamudez y yo

            Y digo la mía porque la experiencia y el contacto con diferentes tartamudos me ha hecho comprender que cada uno padece de manera diferente la suya y que dicha, llamémosle enfermedad, ofrece características diversas en cada persona, por lo cual no existe una regla general sobre la misma.

            No sé exactamente cuándo comencé a tartamudear, debió de ser sobre los 7 años. Pero recuerdo una etapa anterior, antes de ir al colegio, en la cual hablaba por lo codos. Y en el primer año de escuela tampoco hizo acto de presencia nuestro común enemigo.

            Coincide, creo recordar, el final del segundo año de estudios con los principios de mi tartamudez, porque tengo noción de haber leído fragmentos de El Quijote en voz alta y sin ningún problema; lo cual significa que ya sabía leer y que no tartamudeaba.

            Si la aparición fue súbita o no es algo que no puedo afirmar. Lo que sí es cierto es que, por aquella época, mi padre comenzó a padecer una grave enfermedad que le llevaría a la muerte a los dos o tres años, cuando yo había cumplido los 10. Siempre he atribuido, después de realizar experiencias de sofrología e hipnotismo, que lo que hizo aquel niño que yo era fue tratar de llamar la atención familiar que en aquellos momentos estaba volcada en la dolencia de mi padre, el cual era un verdadero triunfador y el centro, por ese motivo, de todo el entorno que me rodeaba. Es muy posible que ésa fuera la causa porque luego, cuando he tenido hijos, me ha ocurrido algo parecido con el pequeño. Comenzó a hacer muecas y gestos con la boca y los ojos, tal vez porque pensaba que se les hacía más caso a sus hermanos mayores.

            En el colegio no me supuso mucho trastorno el hecho de tartamudear; los profesores eran comprensivos y mis compañeros también. Es más, yo procuraba siempre sobresalir en algo sin dar la menor importancia al hecho de no hablar bien. Mi único mal recuerdo era cuando pasaban lista. Contestar con un SERVIDOR o un PRESENTE eran un verdadero martirio. Sí hubo un compañero estúpido, como el que todos habremos sufrido, al cual le dio por llamarme por el apodo de “milhojas”, como el pastel, ya que yo era TARTA JA... Otro compañero le puso en su sitio con dos bofetadas.

           Pasé el examen oral de francés, para Preuniversitario, con un Certificado Médico; eso sí. Me limité a escribir dos frases y me aprobaron.

           Por aquel entonces había comenzado a cantar, descubriendo el mundo de la lírica y contando con una bastante buena voz. Di clases de canto y monté muchas romanzas de ópera y de zarzuela, a sabiendas de que aunque cantase estas últimas nunca podría representar una obra en el teatro. Quizás por eso me gustase más la ópera, no había que hablar y además el italiano me parecía la lengua ideal para el canto.

           Pienso que el carácter del tartamudo le inclina a abandonar aquello que sabe que le va a ser difícil; por ello, en vez de intentar entrar en la Universidad para cursar una ingeniería opté por matricularme en la Escuela de Obras Públicas, era más sencillo. Y entre romanzas de ópera y escribir poesías y cuentos, por aquel entonces comencé a hacerlo, entré en la vagancia y la dejadez, cosa muy habitual en los tartamudos generalmente, y me decidí por abandonar los estudios e ingresar en el negocio familiar donde el ambiente me era mucho más favorable. Y efectivamente lo fue y trabajando apenas si tuve el menor problema. Por supuesto que, mientras tanto, había pasado por una larga serie de logopedas comenzando por el Instituto de don Jesús Ordóñez; con todos ellos obtenía un éxito repentino pero pasajero.

           Repito que en el mundo del trabajo, mientras fui jefe, no tuve el menor problema. De la mili me libré gracias a un militar conocido que hizo que me destinasen a Servicios Auxiliares en el año en que los destinados a dicho cuerpo ni tuvimos que jurar bandera.

           Me casé con 23 años. He hablado de mis escasas dificultades en la empresa y ahora hablo de casi la nula que he tenido casi siempre con las mujeres. Nunca me ha impedido dirigirme a una de ellas el hecho de tartamudear. Es más, creo que he obtenido más “éxitos” que muchos fluidos. Ignoro si es que despierto su instinto maternal, quizás; pero también es cierto que hablo más tranquilo con una mujer que con un hombre.

           Cuando dejé de ser jefe es cuando sí tuve dificultades en las empresas en que he estado; la gente no comprendía, seguramente por ignorancia, que se pudiera hablar mal y hacer las cosas bien y escribir mejor. Es uno de los principales objetivos, a mi modesto juicio, que debemos intentar lograr: Que nadie piense que un tartamudo es el tonto del pueblo, como hasta ahora se nos viene considerando o se ha pensado durante mucho tiempo.

           Desde que estoy trabajando en la ONCE me encuentro francamente a gusto. Mi labor consiste precisamente en entrar al público, no en aguardar a que me vengan a comprar. Para ello necesito hablar y hablo; de manera que mis cifras de ventas son superiores a la media. Siempre he sido vendedor, de diferentes artículos; y con éste no podía fallar a causa de la tartamudez.

           Concluyendo: He asumido mi papel de tartamudo como una característica más de mi personalidad, igual que soy bajito, calvo o gordo. Mi carácter, que a menudo es tomado por antipático, es todo lo contrario: Muy cordial. Pero puede parecer que no es así a los que no se resignan con su tartamudez precisamente por ello, porque yo sí la asumo y convivo con ella como con una buena amiga y no como un tormento diario.     Hablo con quien me parece bien y no tengo el menor temor a hacerlo, tanto en persona como por teléfono.   En definitiva, debería haber llamado a este escrito Yo y mi tartamudez en vez de al contrario.

Un abrazo para todos.

 

Francisco Escobar Bravo